Cómo participar

Para participar solicitamos el envío de un breve relato (una cara de un folio) a docentesquedejanhuella@gmail.com, que incluya el nombre de la persona que lo envía, el del docente recordado, la época aproximada, el centro educativo y la localidad y el nivel educativo. Si fuera posible también agradeceríamos fotografías que ilustrasen la narración.

Las aportaciones recibidas podrán visualizarse en   www.docentesquedejanhuella.es

4 pensamientos en “Cómo participar

  1. Mi homenaje hoy, día del libro, es para la maestra que me enseñó a leer, la señorita Ana Vico. Empece con ella en septiembre del 66, y cuando la destinaron a otro colegio yo me fui con ella.En ese colegio que fue Carmen Polo (hoy Ciudad de Popayán), tuve muy buenas maestra como la señorita María del Mar, la cual hoy en día la veo y charlo con ella. Pero mi recuerdo más tierno es para ella, mi primera maestra, mi señorita Anita Vico.

    Gracias por enseñarme a descubrir la lectura, que hoy es una de mis muchas pasiones, pues tú me hacías ver que cada libro es una aventura y una forma distinta de ver las cosas. Sé que en tus últimos días te acordaste de mi, de tu Rosarito.

  2. A María Luisa Alcaide

    A veces es inevitable que las emociones afloren con fuerza y hasta es fácil caer en la tentación de recordar el largo camino, dificultoso muchas veces, que llevamos transitado quienes ya peinamos canas y un día, en que nos entraron muchas ganas de comernos el mundo, planeamos que un modo apropiado de hacerlo podría ser dedicándonos a esta noble actividad que es la enseñanza.
    Es verdad que el paso de los años tiene la puñetera manía de anquilosar nuestro luchador espíritu, al tiempo que se van llenando de telarañas los rincones del alma. Pero por el camino, bien entre bambalinas o acaso en el escenario principal del teatro de la vida, a veces tienes la suerte de compartir tarea con personajes que te pellizcan en lo más hondo del alma y te ayudan a abrirte camino. Son personajes a quienes jamás encuentras bajos de ilusión y son inasequibles al desaliento. Si hablas con ellos sus palabras actúan como una especie de bálsamo que te ayuda a aliviar el desánimo que esta bendita profesión nos trae acaso con más frecuencia de lo que pueden soportar quienes ya tienen en su alma una amplia colección de postales, fruto sin duda de largos años dedicados a una actividad tan dada a los altibajos anímicos como es la docente.
    Pues bien, estoy seguro que quien haya conocido y tratado a María Luisa Alcaide, maestra recién jubilada en el colegio Santa Amalia de Fuengirola, no me va a contradecir si digo que es una suerte haber encontrado en ella a uno de esos personajes que dejan huella; una huella de la que se siente uno orgulloso para lucirla donde se presente la ocasión de decir bien alto que nos hemos cruzado por el camino de nuestra vida con una gran maestra. Aunque lojeña de nacimiento -querida, dulce y luchadora María- ahora ya no les perteneces a tus paisanos aunque allí, en Loja, figure tu partida de nacimiento. Ahora eres nuestra, de todos los que te hemos conocido y disfrutamos del regalo de tu amistad. Y voy a decirte algo que hasta puede que no te guste, si bien voy a hacerlo con todo el cariño que te tengo. Ojalá que el cacareado cambio en la edad de jubilación no te hubiera dado tiempo ni opción a que nos dejes. La nave Santa Amalia no puede permitirse el lujo de perder a una de sus más grandes capitanas, pues aún quedan muchos puertos a donde arribar y la marinería necesita de personas como tú para seguir navegando por mares donde maestras de tu categoría son imprescindibles para capear algún que otro temporal, de esos que causan efectos que sólo se curan con sentimiento y cariño; y de eso entiendes tú un rato.
    Tu mayor éxito, aparte de haber sembrado sentimientos de muchos quilates allá por donde has estado, es la nobleza que has sabido inculcar a tus alumnos por encima de cálculos matemáticos, lecciones de geografía o conjugaciones de los verbos. Con esa nobleza, de la que tú siempre has hecho gala, se puede ir por la vida con la cabeza bien alta y eso lo han aprendido de ti tus alumnos y quienes hemos tenido la suerte de haberte conocido y disfrutado de tu amistad.
    Como muestra basta un botón. Hace apenas unos días decidiste reunir a los padres de tus alumnos para despedirte de ellos. Parece ser que las emociones se desbordaron más de la cuenta y, aunque tú nunca has sido persona dada al lloriqueo, al día siguiente hubo un momento muy especial en que una chiquilla, que tiene el alma de cristal pero un corazón muy grande, con el alma encogida y sus medias palabras te pedía que no te marcharas. En ese momento, con ojos que te brillaban de un modo muy especial, supiste de verdad, como tal vez nunca lo habías descubierto antes, al menos de forma tan clara, que ha merecido la pena realmente dedicar tu vida a esta noble actividad que a veces nos da algún que otro “refregonazo”, pero la mayoría de las veces nos da momentos muy dulces como el que te proporcionó esa chiquilla.
    Espero, como dice Serrat, que con el paso del tiempo el olvido sólo sea capaz de llevarse una pequeña parte de todas las vivencias que hemos compartido contigo día a día durante muchos años. Y te deseo que tengas toda la suerte que tú te mereces.

    Juan Leiva (un colega y amigo).

  3. Toda mi vida he querido ayudar a los demás, enseñarles mis conocimientos e inculcarles los valores que he adquirido. Por eso decidí dedicarme a esta profesión, porque he tenido muy buenos docentes a lo largo de mi vida, y en particular por mi tìa, mi segunda madre, la profesora más entregada que he tenido.
    Resulta paradójico que elija a mi tìa como la mejor, pero es así, no sólo por el año en el que fue mi profesora, sino por todo lo que me ha enseñado a lo largo de mi vida.
    La he visto horas y horas preparándose su materia, investigando, leyendo, aprendiendo, buscando ideas y llevándolas a cabo. Es una profesora dedicada a cualquier causa sin esperar nada a cambio. Es más, les dedica todo su esfuerzo. Con casi 50 años en la profesión nunca e a quejado de su trabajo porque ella ama lo que hace y eso es gratificante.
    Lo más importante que he aprendido de ella es que “crea gran satisfacción el saber que tu esfuerzo, dedicación y conocimientos, dan su fruto en los demás”.
    A mi: madre, tìa, consejera, profesora, amiga….
    Maria Romelia Gavilanes Haro

  4. Luego de pasar la mayor parte de mi corta vida estudiando, me he dado cuenta de que ciertas personas simplemente marcan un antes y un después en tu vida. En mi caso la profesora que me hizo ver las cosas desde una perspectiva diferente se llama Gloria Campos, es una docente cuencana entregada al cien por ciento a su profesión. Transcurría el décimo año de educación general básica (tercer año de colegio), Glorita como le decíamos impartía la materia de lengua y literatura en la cual la poesía, la escritura y la ortografía eran el pan de cada día.
    Las clases con ella eran dinámicas, interesantes e interactivas, pero sobre todo las llenaba de mucho amor y cariño, sentir que tenías alguien en quien confiar es lo más satisfactorio del mundo. Glorita llegaba todos los días con una presentica impecable y con sus conocimientos a flor de pies para que cualquiera que no sabía ciertas cosas y no solo sobre la materia, sino sobre muchos temas de interes común.
    Durante todo el tiempo en el cual me dio clases, comprendí que es demasiado importante el amor que le pongamos a todas y cada una de las actitvidades que realicemos. La profe Glorita me enseño que con esfuerzo, amor y sacrificio el camino para llegar a la meta se acaba.

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