Maestros de vida, de creatividad y de libertad

Echando la vista atrás, de los recuerdos de mi infancia siempre emerge la figura de alguna de mis maestras, con quienes siempre tendré pendiente una deuda de gratitud. Es posible que todos nosotros tardemos mucho en darnos cuenta de su gran influencia, y muy probablemente, muchas de ellas ya han desaparecido; sin embargo es indeleble la huella que dejaron en mí, como sirvieron de enlace entre mi propia familia y la sociedad en que crecí, como consiguieron encauzarme por caminos que me han llevado a ser la persona que soy hoy en día.

Estas líneas pretender rendirles, a ellas y a todos los docentes, un pequeño homenaje que además puede servirme para pagar esta deuda de gratitud. Porque todos ellos forman parte de los recuerdos imborrables de la historia española, y el inmenso papel que han desempeñado los maestros desde los tiempos de la República en el largo proceso de alfabetizar España y esta Andalucía nuestra, ha significado el abrir las puertas al progreso y la civilización.

Educar es avanzar hacia la libertad y hacia la igualdad. Un buen sistema educativo debe ser la base en que se asiente una sociedad democrática, igualitaria y justa. Y esto lo saben muy bien nuestros maestros y profesores, desde la enseñanza infantil a la universitaria.

En nuestros centros educativos, especialmente en los que se han educado mis hijos, Federico y Sonia, el CEIP “Las Cañadas” y el IES “Sierra de Mijas”, he tenido la oportunidad a lo largo de estos años de ver cómo muchos docentes, que han seguido ese espíritu que se encuentra en la base de toda la educación, se han implicado de forma personal en la formación de su alumnado yendo en muchos casos más allá de lo meramente profesional, haciendo incluso un seguimiento de la evolución de sus alumnos y alumnas a todos los niveles.

He conocido a docentes a los que no les importa dedicar su tiempo libre a realizar miles de actividades complementarias y extraescolares, he visto cómo inventan mil excusas para atraer la atención hacia los libros y la lectura, cómo llevan a su alumnado a visitar todo aquello que puede servir para orientarles en su vida, cómo organizan viajes educativos de varios días dedicándose a sus alumnos las 24 horas… y lo que se ha quedado grabado a fondo en mi retina: cómo disfrutan descubriendo los progresos de sus alumnos y alumnas, cómo se emocionan al oír esas representaciones de teatro, ese recitar poesías o bailar esa canción tantas veces ensayada o esa orla que recogen al acabar sus estudios en ese centro educativo. Y todo esto, hecho desde la voluntariedad y la entrega más generosa.

Estos maestros, como a mí me gusta llamarlos independientemente del nivel educativo que impartan, distinguen claramente la instrucción de la educación, saben que una formación positivista, basada exclusivamente en la formación académica, podrá permitir que se adquieran muchos conocimientos, pero nunca despertará el entusiasmo de la creatividad, de la imaginación y, por tanto, de la investigación y la invención, son aquellos que creen en educar entre todos, y hacen suya la frase que decía Giner de los Ríos “el papel de educador debe recaer tanto en el maestro como en los padres”.

Quiero que estas líneas sirvan para mostrar mi más sincero reconocimiento a la labor callada y digna que han hecho, hacen y harán miles de docentes en nuestra provincia y en nuestra Comunidad Andaluza. Su labor está impregnando de libertad y sentido crítico la realidad que nos rodea y en ese espíritu debemos seguir alimentándonos todos. Un niño o una niña educados no serán nunca racistas, ni insultarán, ni serán violentos.

La educación es, sin duda, el pilar de la igualdad social, de la justicia y de la libertad; por eso, la apuesta por la educación es la apuesta por el futuro, por el progreso y por la libertad. Y esa educación en muchos centros educativos funciona, y funciona bien, por esa voluntariedad, esa entrega y esa dedicación de nuestros docentes.

Los docentes que vienen a la memoria han jugado ese papel importante, dentro del proceso formativo de nuestros hijos e hijas como seres humanos y han funcionado como agentes transformadores de la sociedad, han sido guías, orientadores, facilitadores, investigadores, motivadores y creadores de oportunidades para fomentar el proceso de educación de su alumnado a lo largo de todos sus años de ejercicio profesional. Por todo ello, muchas gracias.

Pilar Triguero Vilreales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *