El hermano Rafael

No guardo sino un entrañable y apreciado recuerdo de mi querido Hermano Rafael. Hermano Marista que era. El más afectuoso profesor que tuve por aquellos días. Que tuve nunca.

Mi querido Hermano Rafael, repito sin cansancio. El Hermano Marista que más dichosa hizo mi niñez durante la etapa que pasé en ese colegio. Fue aquella una época extraña en cuanto a sentimientos encontrados, pues se compaginaban en mi educación, profesores queridos y entrañables, con otros que no merecían consideración alguna por mi parte. Porque de don Rogelio Malaussena y de don Pedro Cascales. De don Luis Vivas, o del hermano Luis  y –fíjate si soy generoso- que de hasta el hermano Eugenio y del hermano Jerónimo guardo buenos recuerdos.

Nótese con que dadivosidad he desechado los apelativos, incluso el gansteril que se le aplicaba al inefable profesor de dibujo (¿don Francisco era?) que siempre me recordaba a Justino de Nassau, aquel  que entrega las llaves en La Rendición de Breda. Mismo bigote, mismo careto.

No todos fueron buenos ejemplos a seguir, pero, como es natural, no voy a citar los nombres de los que me deseducaron y me llevaron a ese agnosticismo respetuoso que hoy practico. Pero esa es otra historia.

Reconozco que la educación que recibí en aquellos días fue el germen de la persona que ahora soy. Y que al contrario de esta formación inservible, ineficaz e inútil que hoy se imparte -basada en no se que perversos planes de educación-, sabemos hoy sacarle utilidad al Rosa Rosae Rosa, y la historia de Luiso, María Matrícula de Bilbao; o a las malditas e infinitas comarcas de las provincias españolas.

Fíjate hasta donde llego: que podría incluso abjurar de las larguísimas letanías (Mater Inviolata…Ora Pro Nobis. Mater Castíssima…Ora Pro Nobis…Mater  Intemerata…) pero no lo hago.

Sirvió, esta educación, digo, para forjar comportamientos futuros en los colegiales de aquellos tiempos. Y el hermano Rafael hizo que mis días en aquel colegio fuesen menos duros y más llevaderos. Más felices si se me permite la exageración.

Se quedaría de piedra el hermano Rafael si supiera que tengo en mi poder, muchos de  los libros de la Editorial Luis Vives (en edición facsímil, claro) de aquella época anterior a la Edelvives. Se quedaría de piedra, otra vez,  el hermano Rafael, también, si supiese que escribo estas letras sobre un pupitre de madera con tintero de loza encastrado (adquirido este último por Internet) con su palillero y plumilla reluciente. Recipiente de tinta incluido.

Habitúo y mucho a un íntimo amigo. Un ex alumno llamado José AntonioB padre de un ahora distinguido pívot del Unicaja. Me cuenta este, el padre y amigo, que de vez en cuando tiene trato con el Hermano Rafael. Yo siempre le digo que debemos de sacar un rato para poder visitarle y recordar aquellos tiempos que a pesar de ser tan  lejanos, aun permanecen, indeleblemente, en nuestra memoria. En nuestra actitud.

Lo haremos. Lo prometo por  el Niño Jesús de Praga y por el Beato Marcelino Champagnat- al que al parecer han ascendido recientemente-  que en cuanto podamos organizarnos y pase este tiempo tan ominosos de tardes eternas y de calores insufribles, pasaremos a visitarlo y -si puede ser- poder clickear de nuevo una chasca (mi más oscuro objeto de deseo), y más aún -y si se tercia y le apetece- nos tire un borrador a la cabeza, haciendo un brindis al sol por el ínclito Pichi. ¿He dicho Pichi?  No! No lo he dicho. No he dicho Pichi en mi vida. Creo.

Colegio: Nuestra Señora de la Victoria (HHMM Maristas) de Málaga
Época: 1.963-1.972
Nivel educativo desde Ingreso hasta 5º de bachiller

Álvaro Souvirón

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