Exposición “Afánisis, la presencia de lo ausente” en la Escuela de Arte San Telmo de Málaga

La obra del antiguo alumno de la Escuela de Arte San Telmo, el artista José Gómez, estará presente en la Sala de exposiciones de la Escuela hasta el 25 de mayo.

El título del proyecto, afánisis, tiene sus raíces en el griego aphanisis, que se podría traducir como “desaparecer” o “desvanecerse”. Lacan lo utiliza cuando alude al desvanecimiento o la desaparición del sujeto en el proceso de ser constituido en y por el lenguaje.

El trabajo que presento consta de siete piezas pictóricas que construyen una serie de imágenes basadas en la sencillez, sutileza y tenuidad, realizadas a través de una superposición de capas de materia que se van depositando sobre superficies negras, creando paulatinamente y de forma acumulativa imágenes cuya lectura por parte del espectador puede resultar evocadora.

El presente proyecto se plantea como una reflexión sobre el lugar de la imagen en la sociedad contemporánea a través de una propuesta plástica que propone una impecable ejecución manual por medio de unos códigos abstractos minimalistas, obsesivamente precisa que se puede llegar a leer como una superficie de origen digital.

Utilizando un lenguaje pictórico basado en los conceptos de abstracción frente a realismo, de silencio frente a ruido, de espiritual frente a material, de simplicidad frente a complejidad, de vacío frente a materia, se propone una pintura esencial que elimina todo lo superfluo para llegar a constituir un espacio de silencio, de reduccionismo y de vacío.

El silencio como introversión y meditación, el reduccionismo como construcción (menos es más), el vacío y la amplitud son los conceptos que estructuran este proyecto.

Por lo tanto, se plantea la realización de una obra pictórica que se sustente a través de una disminución de recursos formales y compositivos que no deje lugar siquiera a una impronta o registro de quien lo hace; una imagen limpia y sin evidencias de construcción manual, provocando una ausencia que abre la presencia de aquel que lo observa. En otras palabras, el objeto último del trabajo no es más que la transmisión de serenidad y silencio que lleven al espectador a la vivencia de una introspección significativa. Por ello pretendo construir con mis imágenes, una depuración de complejidad y ruido para lograr una mayor pureza visual. Entiendo que este proceso de construcción de la obra artística se encuentra ligado a una visión introvertida del modo de hacer y de ver, desarrollando una idea cercana a la contemplación que es posible cuando ese sujeto se libera de la fuerza de su ego más dominante.

En definitiva, estaría haciendo alusión a ese momento en el que el espectador consigue situarse frente al estado de “no-mente”, de desarraigo, de introspección frente a una sociedad contemporánea sumida en el rápido consumo y en la alienación visual.

El lenguaje pictórico que utilizo se inserta en una tradición que enlaza con pintores del expresionismo abstracto como Mark Rothko o Ad Reinhardt que trabajaron con un arte donde el eje era la experiencia perceptiva, utilizando para ello unos códigos de abstracción pura y estética minimalista, en un periodo marcado por la pérdida del objeto. Sin embargo, considero que la relectura y recuperación de dichas obras tiene hoy pleno sentido debido a que la postmodernidad y aquel momento comparten los nexos de unión de todos aquellos elementos que motivaron a estos artistas a realizar un trabajo de esta índole, elementos que tienen relación con los problemas que se generan en la sociedad contemporánea respecto a la saturación de las imágenes y su pérdida de valor. Es en este contexto donde se ubica mi trabajo, pero en este caso refiriéndome al desarraigo de las imágenes que están vacías de capacidad de ilusión, que son un fin en sí mismas y más reales que lo real. No en vano, las sociedades occidentales que sufren esta escisión se encuentran sumidas en un extravío de la identidad del sujeto.

Así, con este proyecto busco el encuentro de la mirada del espectador y la obra, para que las imágenes propuestas puedan ser habitadas a través de una mirada íntima que vaya más allá de la saturación de imágenes de su entorno. Si tenemos presentes las teorías de Jean Baudrillard, el hombre contemporáneo está sumergido en un mundo en el que utiliza las imágenes como pretextos para la evasión:

Vivimos en un mundo de simulación, en un mundo donde la más alta función del signo es hacer desaparecer la realidad y, al mismo tiempo, enmascarar esta desaparición. El arte no hace otra cosa. Hoy, los medios masivos no hacen otra cosa. Por eso están condenados al mismo destino.

Desde el punto de vista del autor, las imágenes se han hecho transparentes, sin secretos puesto que son un fin en sí mismo y, por lo tanto, ya no pueden ilusionar al sujeto que las percibe. A lo largo del siglo XX las imágenes han ido apropiándose y devorando la realidad, se han ido volviendo vacías, como se puede apreciar en nuestras sociedades actuales. Han generado un hábitat en el que el sujeto, en la contemporaneidad, rodeado de imágenes espectaculares y efectistas es incapaz de recobrar un espacio desde el que mirar8; envuelto en ellas, tan sólo le queda usarlas y tirarlas.

Si aceptamos este análisis de Baudrillard, la realidad está desapareciendo por medio de estos signos e imágenes que a la vez la ocultan y, de esta manera, se está evitando la atención a la vida y a lo desconocido, limitando las posibilidades de la experiencia a través de un exceso de realidad.

Siguiendo con el autor, frente a dicha saturación de realidad, la naturaleza de una imagen pictórica debería contener una pulsión de misterio e ilusión9que permitiera vislumbrar una realidad distinta y posible a la asumida culturalmente. Desde este punto de vista, el proyecto que presento pretende estimular el juego de la imagen que Baudrillard echa de menos en la sociedad contemporánea, a través de unas obras que pretenden llevar al espectador a un descanso respecto al exceso de imágenes que lo rodea y, como consecuencia a un encuentro consigo mismo.

En este sentido, y puesto que el tipo de propuesta pictórica utilizada en las telas tiene una serie de condiciones que me permiten plantear la indisolubilidad entre la forma y el contenido, el lenguaje empleado se sirve de una serie de claves fundamentales como son la limpieza técnica, composición minimalista y austeridad cromática.

Para que estas imágenes tengan capacidad evocadora ha sido necesario depurarlas y minimizarlas de modo que cada una le quita algo a la realidad, en cada una de ellas algo desaparece. Por ello, es una propuesta compuesta de formas construidas con un mínimo de materia, capas de veladuras muy diluidas que forman planos. Incluso en la pieza de la serie que ocupa la posición central llego a eliminar el pigmento, quedando tan sólo el aglutinante. De este modo, la imagen se desvanece entre los reflejos lumínicos producidos por la propia luz.

En cuanto a la gama de color utilizada, predominan unos tonos que se proponen desde cierta austeridad cromática oscura que pueden remitir a lo nocturno y a aquellas poéticas relacionadas con lo “sublime”. Como es sabido, la presencia de la noche, de la tiniebla y de la sombra fue utilizada por los artistas románticos para mostrar la primacía de aquella parte de la mente que más tarde Freud denominaría inconsciente frente a los dominios de la razón. Según explica Rafael Argullol, la presencia de lo nocturno en el romanticismo deja de ser una ausencia para convertirse en una fuerza cuya presencia nunca será totalmente comprendida. En mi caso, la nocturnidad ayuda a relacionar las imágenes realizadas con un ámbito interior, aún haciendo referencias las formas creadas a espacios exteriores.

Esta escucha de la sombra está presente en otras culturas lejanas a la nuestra. En las casas tradicionales japonesas, por ejemplo, el centro del hogar no estaba ocupado por la televisión, sino que era un hueco destinado a delimitar la sombra como un punto de exploración y arraigo de la mirada. Así, resulta interesante darse cuenta como algunos artistas, no sólo pintores sino también cineastas como David Lynch o Kenji Mizoguchi, utilizan la falta de definición causada por la sombra y la oscuridad para crear y hacer aflorar la imaginación del espectador.

Pero en nuestra cultura occidental hay una tendencia a la falta de espacio para la lectura de la sombra. Nuestras ciudades modernas utilizan un exceso de iluminación a la hora de mostrar sus productos, el exceso de luz del capitalismo, lo cual se podría relacionar con los procesos racionales que se alejan de la sombra y la observación del inconsciente. Es por ello, que nuestras sociedades contemporáneas, como ya hemos visto, se han olvidado de que la potencia nace de la ausencia y la sustracción favorece la fuerza de la ilusión. En un mundo donde prevalece el acumular y adicionar, al no poder asumir la amplitud de la ausencia y el vacío, nos ensimismamos con sucedáneos virtuales que no hacen sino naufragar al enfrentarnos e interactuar con todo lo que nos rodea y con nosotros mismos.

En definitiva, la propuesta que presento son obras cuyas imágenes proporcionan una sutil información de modo que a través de esa carencia se estimule al observador a que aporte más de sí mismo para poder comprender la obra o ver en ella algo familiar que le pertenezca. En palabras de Baudrillard, “cuanto más nos acercamos a la definición absoluta, a la perfección realista de la imagen, más se pierde su potencia de ilusión”.

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